
Son tantas las lecturas que existen en este mundo, pero son muy pocas las que logran crear un espíritu de valentía y optimismo por lograr nuestros sueños. Esa es la principal razón por la que le escribo, para agradecer su manera de llegar al público y lograr persuadir al lector. Yo, Erick Fuentes, estudiante salvadoreño, he aprendido sobre la vocación y toma de decisiones gracias a sus escritos, los cuales me han hecho sentirme seguro de lo que realmente quiero.
Me di cuenta que para lograr nuestros sueños, no importan las dificultades que tengamos que pasar, si en realidad los queremos. Hace un año estaba pensado que sería de mi futuro. Las típicas frases como: “te morirás de hambre”, “esa carrera no sirve”, “que fácil lo que harás”, entre otras (si elegía comunicación social). No dejaban de rondar en mi entorno. Muchas veces, me hicieron dudar de lo que en realidad quiero en esta vida.
Tenía dos caminos: estudiar medicina o ser un comunicador. El apoyo de mi familia para estudiar medicina no se hacía esperar; pero por otro lado estaban mis sueños y yo. Nadie confiaba en ellos porque son diferentes a ser médico. Cuando somos pequeños, tenemos ganas de ser y hacer algo en la vida; pero a medida vamos creciendo, nos vamos dando cuenta que en realidad lo que queremos son cosas totalmente diferentes a lo que soñamos en esa etapa. Mi caso no fue la excepción.
El tiempo transcurría con rapidez y tenía que tomar una decisión. Llegó el momento de la inscripción para realizar los exámenes de admisión en la Universidad Nacional, no me agradaba el pensum de la carrera de periodismo en esa universidad. Por eso, mi única opción, para estudiar ahí, era Medicina. Mis papás se morían de felicidad cuando les dije que estudiaría esa carrera.
Pocas semanas después del examen, llegaron los resultados. Para mi suerte, estos satisfactorios, había aprobado el examen. Mi hermano y mis sobrinos me dijeron”: ¡felicidades futuro doctor!”. No sentía alegría sino todo lo contrario, una profunda tristeza por haber elegido algo que no me satisfacía al cien por ciento.
Mi familia no fue la única que influyó, también mis amigos. Algunos de ellos no habían aprobado el examen y anhelaban mi puesto. Eso me hizo pensar que era un mal agradecido. Con la ayuda de mi psicóloga, escuché a mi corazón y la frase de muchos: ¡estudia lo que vos querrás!, Me hizo pensar de una manera más seria mi decisión.
Por miedo a pensar en lo que mis padres dirían sobre otra carrera, hice todo el proceso de admisión para entrar a esta universidad, UCA, a escondidas. El dinero destinado para un celular y ropa sirvió para todo lo que necesitaría en ese proceso de selección. Paso el tiempo, mis resultados para entrar a la UCA fueron favorables y era el momento. Tenía que decidir. Pero, el miedo seguía ahí presente. Llegó el día para pagar el curso pre-universitario; sin embargo, no lo hice. Una semana y media después, no había pagado. Una mañana al despertarme, un impulso me hizo marcar el número telefónico de la universidad y preguntar cuándo sería el último día para pagar. Me sorprendí cuando me dijeron que tenía un día más para hacerlo.
Ese fue el momento en que decidí hablar con mis padres y explicarles todo lo que había ocurrido. El miedo se transformó en seguridad. Luego de todo lo anterior, todo pasó como debía de pasar, y hoy estoy aquí escribiendo esta carta, con todas las ganas del mundo para lograr mis sueños y estar seguro de que los sueños más locos del universo se pueden hacer realidad, siempre y cuando confiemos en nosotros mismos, escuchemos nuestro corazón y creamos en Dios.
La vida junto a sus lecturas me enseñaron que para tomar una decisión, tenemos que buscar nuestra vocación, porque así seremos felices con lo que hacemos. Muchas gracias por llevar al público su experiencia de vida y ayudar a los que realmente buscan su objetivo en la vida. Me despido deseándole éxitos y que siga adelante.
No sos el único comunicador al que su familia no le brinda su apoyo desde el primer momento. Lo importante es que disfrutés esto y lo hagás con pasión. Ánimo y felicidades.
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