domingo, 4 de julio de 2010

Mi primera vez


Eran las ocho de la noche y la fiesta estaba por comenzar. Las ganas de bailar y ver a la chica que me gustaba me hacían palpitar más rápido el corazón. Comenzaron a llegar los invitados, el ambiente frío se transformo en un lugar caliente y lleno de humo.

Todo marchaba bien hasta que llegó ella. Vestía una falda negra y una blusa plateada, junto con unos tacones y su sonrisa simpática. Iba acompañada de un chico. Era su novio. Jamás pensé que esa noche se convertiría en un infierno. Sin pensarlo dos veces, corrí hasta la barra libre, que nunca la había utilizado, y tome una bebida, un trago, que por un momento me hizo sentir diferente, pero al cabo de un rato me entristeció.

Tomé otra, y luego otra sin darme cuenta. Me sentía un gran hombre, dispuesto a conquistar a cualquiera que se me pusiera enfrente. Y justo se me puso ella. No sé ni cómo, ni cuándo me subí a una mesa, me quite la camisa y bailé frente a ella gritando que la amaba. Su novio llegó hasta la mesa, me miró y comenzó a reírse a carcajadas por todo lo que estaba viendo. Pararon la música, encendieron las luces y todos se enteraron de lo que había ocurrido. Mientras yo seguía bailando y gritando, mis amigos se reían y no me ayudaban.

La chica que provocó todo esto, me ayudó a bajar de la mesa y a darme un poco de agua. Mis amigos llegaron y me ayudaron. Me llevaron a su casa, y así desperté sin saber cómo había llegado hasta ahí, pero si me recordaba todo lo que había hecho. Esa noche fue una experiencia que me ayudó a saber cómo controlar mis impulsos, y que para “caerle” a una “chera” no se necesitan un par de copas.

Llegó el día lunes, sentía miedo, pero tenía que ir a estudiar. Al entrar al colegio, todos se me quedaron viendo de pies a cabeza y se rieron. Todo lo anterior en realidad no me importaba, lo que sí me preocupaba era qué iba a decir aquella chica, quien provocó todo lo que pasó en la fiesta. Por fin la vi, y ella a mí. Sólo me sonrió y entró a su salón, pero la vergüenza que pasé nunca la olvidaré.

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